Antes de fijar fechas conviene dejar por escrito qué entra en cada sesión y qué no. Estas condiciones evitan malentendidos y permiten que el proceso avance sin sorpresas ni revisiones a mitad de camino.
El análisis se realiza con medidas tomadas en la primera sesión y con fotografías de referencia en ropa ajustada. No se emite un informe médico ni se valora peso o salud: solo proporciones, líneas y volúmenes que afectan a cómo cae una prenda.
La paleta se define con luz natural y fichas de tela. El resultado es orientativo: la percepción del color cambia según la iluminación de cada espacio. La guía sirve para decidir compras, no para descartar prendas que ya funcionan en el día a día.
Se trabaja con lo que hay en casa. No se retira ropa sin acuerdo previo y no se impone un número cerrado de prendas: el armario cápsula se ajusta a la rutina real de cada persona, no al revés. Las piezas descartadas quedan a tu criterio.
El personal shopping se planifica con una lista previa de huecos reales. No se garantiza encontrar cada prenda en una sola salida ni se trabaja con marcas concretas: la selección depende de tallas disponibles, tejidos y presupuesto que fijes tú.
Las sesiones online requieren conexión estable y un espacio con luz suficiente para valorar tonos. Las presenciales se limitan a la zona acordada en la reserva. Cambios de fecha con menos de cuarenta y ocho horas pueden reprogramarse una sola vez.
Al cerrar el proceso recibes una ficha con la paleta, la lista de básicos por temporada y combinaciones probadas. Es un documento de uso personal: no se comparte con terceros ni se usa como base para otros informes sin autorización.
Si alguna de estas condiciones no encaja con tu caso, conviene resolverlo en la primera consulta. Es más útil ajustar el alcance al principio que rehacer el trabajo a mitad del proceso.
Cada fase tiene una duración y un entregable concreto. Nada se deja a la improvisación: si una etapa no cierra, la siguiente no empieza. Así se evita acumular tareas y se respeta el ritmo de quien trabaja por las mañanas y solo puede dedicar ratos sueltos a su armario.
Semana 1
Primera sesión, presencial u online, de unos noventa minutos. Se revisa morfología, subtono de piel y rutina real: horarios, tipo de trabajo, actos sociales habituales. Al terminar se entrega un resumen escrito con las primeras conclusiones y las preguntas que quedan abiertas para la siguiente fase.
Semana 2
Se abre el armario entero, sin filtros. Cada prenda se clasifica en tres grupos: se queda, se ajusta o sale. Se anotan los huecos reales y se descartan duplicados que nunca se ponen. Es la etapa más incómoda y también la que más tiempo ahorra después.
Semana 3
Con las fichas de tela sobre el rostro se define la paleta personal: neutros, medios y dos o tres acentos. De ahí sale la lista de básicos que cubre entretiempo, verano e invierno, pensada para cruzarse entre sí. La lista es orientativa, no una obligación de compra.
Semana 4
Se documentan combinaciones probadas con lo que ya existe en casa, con fotos de referencia y notas breves. El objetivo es que cualquier mañana se resuelva en dos minutos, sin pensar de más y sin repetir el mismo conjunto toda la semana.
Semana 5-6
Solo si hace falta. Se sale con una lista cerrada de huecos y un límite de piezas por sesión. En tienda se prueba únicamente lo que encaja con la paleta y la morfología ya definidas. Lo que no suma combinaciones nuevas se descarta, aunque esté de moda.
Mes 3
Una sesión corta para comprobar qué se ha usado y qué no. Se ajustan la lista de básicos y las combinaciones según el uso real, no según lo previsto. Aquí se decide si conviene cerrar el proceso o abrir una nueva temporada con cambios concretos.